Jean Perronet no se limitaba a tender puentes. Estaba reescribiendo la física de la piedra.
Nacido en Suresnes, Francia, en 1708, Perronet provenía de una familia de militares. Su padre era un oficial del ejército. Pero Jean eligió un camino diferente. Se unió al Corps des Ponts et Chaussées. Este era el nuevo organismo gubernamental a cargo de la infraestructura de Francia. Era bueno en eso. Demasiado bueno, tal vez.
Cuando la École des Ponts et Chaussées abrió sus puertas en 1747, era la primera escuela de ingeniería del mundo. Perronet se convirtió en su primer director. Enseñó a la próxima generación cómo mover la tierra y el agua. Pero su verdadera lección vino de sus propias manos.
Cómo Jean Perronet redefinió el diseño del puente en arco de piedra
El cambio se produjo en 1763. Perronet estaba trabajando en un puente en Mantes. Notó algo extraño en la geometría de los arcos elípticos.
Los puentes tradicionales utilizaban arcos gruesos y pesados. Empujaron hacia afuera con fuerza masiva. Los estribos debían ser enormes para evitar que el puente se derrumbara. Perronet se dio cuenta de que en los arcos elípticos el empuje horizontal se distribuía de forma diferente. Viajó hasta los extremos.
Esto permitió algo radical: arcos extremadamente planos.
Parecían increíblemente delgados. Parecían a punto de romperse. No lo hicieron.
El descubrimiento de Perronet permitió construir puentes que no sólo eran fuertes, sino también estructuralmente elegantes, reduciendo la huella en los ríos y manteniendo la integridad.
Sostuvo estas delicadas curvas con cimbra de madera durante la construcción. Una vez que la piedra fracasó, la madera cayó. Los pilares que sostenían los arcos eran esbeltos. Muy delgado.
¿Por qué esto importa? Porque los muelles anchos bloquean los ríos. Ralentizan los barcos. Crean turbulencias. La turbulencia causa socavación, que corroe los cimientos. Utilizando muelles esbeltos, Perronet ensanchó el canal. Dejó correr el agua. Dejó pasar los barcos. Redujo el riesgo de que el puente fuera arrastrado por las aguas.
El puente de piedra más elegante jamás construido
Los resultados fueron sorprendentes.
Más tarde, los críticos calificaron al Pont de Neuilly como el puente de piedra más elegante jamás construido. No fue sólo funcional. Fue hermoso. Los arcos planos abarcaban grandes distancias sin saturar el río con pilares. Cambió la forma en que las ciudades veían el agua.
Pero la verdadera prueba llegó después.
En 1787, Perronet tenía 80 años. La mayoría de los hombres de su edad estaban descansando. Estaba abriendo caminos en el Pont de la Concorde. Originalmente se llamó Puente Luis XV. Se encontraba en el corazón de París.
Entonces comenzó la Revolución Francesa. El rey perdió la cabeza. El gobierno cambió. La financiación se agotó. Siguió el caos.
Perronet siguió trabajando.
Terminó el puente en 1791. Sobrevivió a la revolución. Sobrevivió a los años. Sigue siendo un testimonio de los principios de ingeniería civil de Jean Perronet.
Sus memorias, publicadas en 1782, detallan su carrera hasta ese momento. Sirvieron de manual para sus sucesores. Explicaron el “por qué” detrás de los arcos planos. Explicaron las matemáticas del empuje.
Todavía utilizamos esos principios hoy. Cuando ves un puente que se parece a él.

























