Durante décadas, los científicos creyeron que Australia era el hogar de una sola especie de koala. Esa suposición ahora ha sido revocada. Los investigadores han confirmado la existencia de una segunda especie distinta de koala que habitó en Australia Occidental hasta que se extinguió hace aproximadamente 30.000 años.
Este descubrimiento no sólo añade un nuevo capítulo a la historia evolutiva de los marsupiales, sino que también destaca cuán drásticamente han cambiado los ecosistemas del continente a lo largo de milenios.
Descubriendo la evidencia
El camino hacia este descubrimiento comenzó con un tesoro de fósiles recolectados en cuevas de Australia Occidental durante el último siglo. Si bien existían numerosos especímenes fechados entre hace 137.000 y 31.000 años, el material anteriormente estaba demasiado fragmentado para clasificar definitivamente los restos como una especie separada.
El gran avance se produjo gracias a una importante donación de la familia de la fallecida espeleóloga Lindsay Hatcher. Hatcher había descubierto numerosos restos antiguos durante expediciones al suroeste de Australia Occidental. Entre su colección se encontraba un cráneo de koala en condiciones excepcionales.
“Al examinar ese cráneo, notamos diferencias con los koalas modernos que nos llevaron a comenzar a trabajar en el material fósil de la colección”, dice Kenny Travouillon, investigador del Museo de Australia Occidental.
Una diferencia sutil pero significativa
Para el ojo inexperto, la especie recientemente identificada, llamada Phascolarctos sulcomaxilliaris, parecía notablemente similar al koala oriental moderno (Phascolarctos cinereus ). Sin embargo, un análisis detallado reveló distintas variaciones anatómicas que apuntan a diferentes adaptaciones evolutivas.
Las diferencias físicas clave incluyen:
- Cabezas y mandíbulas más cortas: Los koalas de Australia Occidental tenían cráneos más compactos.
- Mecánica de masticación diferente: Poseían dientes más grandes y una estructura de mandíbula más corta y más eficiente para romper las hojas, lo que sugiere un estilo de masticación diferente en comparación con sus homólogos orientales.
- Esqueletos menos ágiles: La estructura esquelética sugiere que estos animales eran menos ágiles y probablemente pasaban menos tiempo moviéndose entre los árboles.
- Características sensoriales mejoradas: Un surco grande en la mejilla indica la inserción de un músculo más grande. Esto pudo haber permitido un labio más grande para agarrar las hojas o haber permitido que las fosas nasales se inflaran, mejorando su sentido del olfato para detectar el follaje desde mayores distancias.
Travouillon resume la distinción simplemente: “Eran iguales pero diferentes”.
Cambio climático y extinción
La desaparición de P. sulcomaxilliaris está vinculado a profundos cambios ambientales. Hace unos 30.000 años, el clima de Australia Occidental se secó significativamente, lo que provocó la desaparición de los bosques que sustentaban a estos koalas.
Este evento de extinción fue parte de un colapso más amplio de la megafauna de la región. El koala de Australia Occidental compartió su hábitat con gigantes ahora extintos como:
- Canguros de cara corta
- Equidnas gigantes
- El marsupial gigante Zygomaturus
- Tilacinos (tigres de Tasmania)
- Especies más grandes de demonios de Tasmania
Presencia Humana:
La cronología de esta extinción coincide con la presencia de indígenas australianos en la región. “Nuestros primeros pueblos de Australia Occidental habrían vivido entre ellos y habrían sido testigos de su extinción”, señala Travouillon. Esto plantea preguntas importantes sobre la interacción entre el cambio climático, la actividad humana y la pérdida de biodiversidad durante esa época.
Consenso científico e investigaciones futuras
Los hallazgos han recibido un fuerte apoyo de la comunidad paleontológica. Tim Flannery, del Museo Australiano de Sydney, describe el estudio como un “argumento convincente a favor del carácter distintivo de los koalas de Australia Occidental como especie única”.
De cara al futuro, los investigadores tienen la esperanza de que los avances tecnológicos permitan la extracción de ADN antiguo de estos fósiles. Estos datos podrían proporcionar conocimientos aún más profundos sobre la relación genética entre las especies occidentales extintas y la vulnerable población oriental que permanece en la actualidad.
Conclusión
El descubrimiento de Phascolarctos sulcomaxilliaris remodela nuestra comprensión de la historia natural de Australia, demostrando que el koala fue alguna vez un género más diverso con distintas adaptaciones regionales. Sirve como un conmovedor recordatorio de cuán sensibles son estos ecosistemas a los cambios climáticos y subraya la importancia de preservar el hábitat restante para la única especie de koala superviviente.




























