Parecen estrellas titilantes. Actúan como luces parpadeantes. Pero los púlsares son algo completamente distinto. Son cadáveres densos y giratorios de estrellas masivas, que disparan rayos de radiación a través del cosmos con precisión metronómica.
En 1967, Antony Hewish y Jocelyn Bell Burnell detectaron el primero utilizando un radiotelescopio. Lo que encontraron no fue solo una nueva estrella. Era un faro cósmico.
Desde ese descubrimiento, hemos identificado más de 550 de estos objetos. No son todos iguales. Pero todos comparten un rasgo: pulsan. Los intervalos entre esos pulsos oscilan entre una milésima de segundo y cuatro segundos. Esa velocidad es una locura. Un púlsar que gira tan rápido tiene que ser increíblemente denso.
Cómo una estrella de neutrones giratoria crea luz
La mayoría de la gente piensa que las estrellas son bolas de fuego. Los púlsares son bolas de neutrones. Son los núcleos colapsados de estrellas masivas que explotaron como supernovas. La gravedad es tan fuerte que los protones y los electrones chocan entre sí para formar neutrones. El resultado es un objeto de unos 20 kilómetros de diámetro pero con la masa del Sol.
Entonces, ¿cómo pulsan?
Comienza con la rotación. La estrella gira rápidamente. También tiene un poderoso campo magnético. El eje de ese campo magnético no se alinea con el eje de rotación. Este desajuste es clave.
Las partículas cargadas de la superficie quedan atrapadas en el campo magnético. El campo los acelera hasta casi la velocidad de la luz. A medida que giran en espiral alrededor de los polos magnéticos, emiten radiación. Esta radiación se dispara en rayos estrechos.
Imagínese un faro en una costa rocosa. La luz recorre el agua. Si estás en un barco, ves un destello. Luego oscuridad. Luego otro destello. Los púlsares funcionan de la misma manera. Las vigas giran. Cuando apuntan a la Tierra, vemos un pulso. Cuando señalan hacia otro lado, no vemos nada.
Esta es la estrella de radio pulsante en acción. Si bien la mayoría se detectan mediante ondas de radio, algunos emiten luz visible, rayos X y también rayos gamma.
La lenta decadencia de los relojes cósmicos
Los púlsares no son eternos. Están perdiendo energía. La rotación se ralentiza. La desaceleración es mínima. Normalmente, es aproximadamente una millonésima de segundo por año. No lo notarías. Pero con el tiempo, se acumula.
Los cálculos sugieren que estos objetos se “apagan” después de aproximadamente 10 millones de años. Eso es un parpadeo en el tiempo cósmico. Con el tiempo, los campos magnéticos se debilitan. Los rayos se detienen. El faro se oscurece.
¿Por qué esto importa?
Porque durante esos 10 millones de años, son los cronometradores más regulares del universo. Sus pulsos son tan constantes que los científicos los utilizan para probar teorías de la gravedad. Nos ayudan a comprender qué sucede con la materia bajo presión extrema. Actúan como laboratorios naturales de física que no podemos replicar en la Tierra.
Sabemos más sobre los púlsares que sobre muchos lugares de nuestro propio planeta. Son restos. Fantasmas. Pero todavía nos están hablando. Sólo en pulsos.
























