Las legislaturas estatales de todo el país están considerando cada vez más proyectos de ley que responsabilizarían financieramente a las empresas de combustibles fósiles por los daños relacionados con el cambio climático, reflejando el programa federal “Superfund” diseñado para obligar a los contaminadores a limpiar los sitios de desechos tóxicos. Si bien hasta ahora sólo Nueva York y Vermont han aprobado leyes de este tipo, enfrentan desafíos legales agresivos, incluidas demandas del Departamento de Justicia, grupos industriales y otros estados. A pesar de esta oposición, el impulso está ganando impulso: Maine recientemente presentó un proyecto de ley similar y se han presentado nuevas propuestas en Illinois, Nueva Jersey y Connecticut, y otras están pendientes en varios estados.
El principio de “quien contamina paga”
Estos proyectos de ley de “Superfund” climático operan bajo la premisa de que las empresas históricamente responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero deberían contribuir a financiar proyectos de resiliencia climática. Esta es una adaptación directa de la Ley de Responsabilidad, Compensación y Respuesta Ambiental Integral (CERCLA), mejor conocida como Superfund, que obliga a las empresas a pagar por la limpieza de los sitios de desechos peligrosos que contaminaron. Los defensores argumentan que esta es la forma más justa de financiar mejoras de infraestructura críticas necesarias para proteger a las comunidades del empeoramiento de los impactos climáticos.
Costos crecientes y presión política
La urgencia detrás de estos proyectos de ley surge de los crecientes costos asociados con la adaptación al cambio climático. Como señala el senador John McKeon de Nueva Jersey: “No es una cuestión de los miles de millones de dólares que hay que gastar… Es una cuestión de quién va a pagar por ello”. Su proyecto de ley, ahora denominado “Ley de que los contaminadores pagan para hacer que Nueva Jersey sea asequible”, refleja una presión creciente para abordar tanto las amenazas climáticas como la carga económica sobre los contribuyentes.
La promoción de estas leyes no está exenta de resistencia. Los grupos empresariales ya se están movilizando contra ellas, pero sus partidarios sostienen que las medidas podrían, en última instancia, beneficiar a las economías locales al destinar fondos a proyectos de resiliencia. Es probable que las batallas legales sean prolongadas, pero las presiones financieras y políticas subyacentes sugieren que esta tendencia continuará.
Estas leyes señalan un cambio más amplio en la forma en que se ven las responsabilidades climáticas: ya no es una cuestión ambiental abstracta, sino una carga financiera tangible que algunos legisladores creen que debería recaer sobre las industrias más responsables. Queda por ver si estos proyectos de ley sobrevivirán a los desafíos legales, pero su difusión indica un impulso creciente detrás de la idea de que quienes se beneficiaron de los combustibles fósiles ahora deben ayudar a pagar las consecuencias.






























