Reviviendo un experimento de 300 años de antigüedad para cazar materia oscura

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Un avance científico a menudo requiere tecnología de punta, pero a veces la respuesta está en mirar hacia atrás. Los investigadores proponen resucitar un experimento diseñado por el científico británico Henry Cavendish en 1773 para buscar uno de los misterios más esquivos del universo: la materia oscura.

Si bien Cavendish originalmente tenía la intención de estudiar el electromagnetismo utilizando capas metálicas anidadas, los físicos modernos de la Universidad de Stanford y la Universidad de Delaware creen que esta configuración centenaria podría ser la clave para detectar partículas milicargadas (mCP). Estas partículas hipotéticas son fuertes candidatas a la materia oscura, una sustancia que constituye aproximadamente el 85% de la materia del universo pero que permanece invisible para los métodos de detección tradicionales.

La ciencia detrás de la búsqueda

La materia oscura no interactúa con la luz, por lo que es imposible ver directamente. Sin embargo, ejerce influencia gravitacional sobre la materia visible. Una teoría importante sugiere que la materia oscura podría estar formada por partículas con cargas eléctricas extremadamente pequeñas, mucho más pequeñas que las de los electrones o los protones. Estas son las partículas milicargadas.

Como los mCP llevan carga, interactúan con campos electromagnéticos. Esta propiedad los convierte en objetivos ideales para el diseño original de Cavendish, que midió el potencial eléctrico entre dos capas metálicas encajadas. La versión moderna propuesta replicaría esta estructura:

  1. La configuración : una gran carcasa metálica exterior está conectada a una fuente de voltaje, mientras que la carcasa interior permanece aislada.
  2. El acumulador : un dispositivo actúa como una “aspiradora”, aspirando partículas cargadas del aire circundante hacia la cámara experimental.
  3. La Detección : Si hay mCP presentes, sus pequeñas cargas crearían una diferencia de voltaje mensurable entre las capas interna y externa.

“La propiedad de estar cargados los convierte en una buena combinación para la configuración centenaria de Cavendish”, explica Peter Graham de la Universidad de Stanford.

Por qué esto es importante: simplicidad y sensibilidad

En un campo dominado por aceleradores de partículas de miles de millones de dólares y detectores subterráneos masivos, el atractivo de esta propuesta reside en su eficiencia y asequibilidad.

  • Rentable : El costo estimado es inferior a 1 millón de dólares, aproximadamente una milésima parte del costo operativo anual de un acelerador de partículas.
  • Alta sensibilidad : Los cálculos sugieren que este método podría ser entre 100 y 10 000 veces más sensible que los métodos anteriores para detectar mCP.
  • Velocidad : a diferencia de los proyectos de infraestructura a gran escala que tardan décadas, este experimento podría construirse y estar operativo en dos o tres años.

Kevin Kelly, de la Universidad Texas A&M, señala que las estimaciones de los investigadores pueden ser incluso conservadoras. Si es exacto, este enfoque podría detectar partículas con cargas que antes se consideraban demasiado pequeñas para medirlas, abriendo una nueva ventana a la composición del cosmos.

Una nueva era para la investigación de la materia oscura

La comunidad científica se está dando cuenta. Christopher Hill, de la Universidad Estatal de Ohio, reconoce que esta técnica podría superar a los métodos actuales tanto en sensibilidad como en velocidad. “Sería un gran paso para comprender de qué está hecho gran parte del universo y cómo funciona”, afirma Hill, señalando que está considerando realizar un experimento similar con su propio equipo.

Si tiene éxito, las implicaciones se extenderán más allá de la mera detección. El dispositivo podría potencialmente capturar y almacenar partículas milicargadas, lo que permitiría a los científicos estudiarlas en detalle. Como dice con humor Harikrishnan Ramani de la Universidad de Delaware: “Se podrían almacenar y regalar a las personas partículas milicargadas”.

Conclusión

Al cerrar la brecha entre la física del siglo XVIII y la cosmología del siglo XXI, este experimento propuesto ofrece un camino simplificado y de bajo costo para resolver potencialmente uno de los mayores enigmas de la física. Demuestra que, a veces, las herramientas más poderosas para explorar lo desconocido no son las más nuevas, sino las más inteligentes.