Los antiguos romanos clavaron a los muertos para proteger a los vivos.

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Los antiguos romanos clavaron a los muertos para proteger a los vivos.

Arqueólogos en Roma han descubierto un detalle escalofriante sobre las prácticas funerarias romanas antiguas: clavos clavados en el pecho de los muertos, probablemente para evitar que se levanten como espíritus vengativos. El descubrimiento arroja luz sobre la compleja relación de los romanos con la muerte y la creencia en lo sobrenatural.

Rituales contra aparecidos

Durante las excavaciones en la necrópolis ostiense, un vasto cementerio romano cerca de la Basílica de San Pablo Extramuros, los investigadores encontraron tres esqueletos con clavos de hierro colocados deliberadamente sobre el pecho. Esta práctica, bien documentada en la historia romana, sugiere que los antiguos romanos temían que los muertos regresaran para perseguir a los vivos.

Diletta Menghinello, una arqueóloga que dirige el proyecto, explica que los clavos pueden haber sido utilizados para “arreglar” simbólicamente los cuerpos, evitando que se conviertan en renacidos : cadáveres reanimados comunes en el folclore. La idea era que si el cuerpo no estaba asegurado, podría elevarse y causar daño.

Protección para ambos mundos

La práctica no se limitaba a evitar que los muertos molestaran a los vivos. Según Menghinello, los clavos también podrían funcionar como talismanes, protegiendo al difunto de peligros en el más allá y disuadiendo a los ladrones de tumbas.

“El ritual del clavo habría servido, por tanto, para preservar el cuerpo de posibles infractores de su lugar de descanso final, proteger al difunto de fuerzas malévolas y, al mismo tiempo, salvaguardar a los familiares supervivientes del posible regreso de los muertos entre los vivos.”

Esto sugiere que los romanos creían en una amenaza bidireccional: los muertos podían dañar a los vivos, pero los vivos también podían profanar a los muertos.

Un Cementerio con Siglos de Historia

La necrópolis ostiense, excavada por primera vez en 1919, revela cómo evolucionaron las costumbres funerarias a lo largo de los siglos. Los trabajos recientes previos a la construcción de viviendas han dejado al descubierto nuevas secciones del cementerio, que datan del siglo II a.C. hasta el siglo IV d.C. Los esqueletos con clavos se encontraron en tumbas sencillas que probablemente datan de los siglos III y IV d.C.

Los límites exactos de la necrópolis aún no están claros, pero estos descubrimientos resaltan cuán profundamente arraigadas estaban las creencias supersticiosas en la sociedad romana. La práctica de clavar cadáveres puede parecer espantosa hoy en día, pero ilustra el enfoque pragmático de los romanos ante la muerte: un mundo donde la línea entre la vida y el más allá era peligrosamente delgada.

Este hallazgo subraya la cosmovisión romana, donde tanto los vivos como los muertos requerían protección de fuerzas invisibles. La práctica sirve como un claro recordatorio de que el miedo a la muerte y a lo sobrenatural ha existido en todas las culturas y a lo largo de la historia.