El aceite de oliva y la salud cerebral: lo que dice la ciencia

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Durante años, se han promocionado los beneficios para la salud del aceite de oliva, desde la salud del corazón hasta la lucha contra la inflamación. Ahora, un creciente conjunto de investigaciones sugiere que también puede afectar significativamente la función cerebral y el deterioro cognitivo. Pero, ¿qué tipo de aceite de oliva es importante, cuánto se necesita y cuál es la ciencia subyacente? Las respuestas son sorprendentemente matizadas y accesibles.

La conexión con la dieta mediterránea

Gran parte del interés por el aceite de oliva se debe a su papel central en la dieta mediterránea, vinculado sistemáticamente a tasas más bajas de enfermedades crónicas, incluida la demencia. Inicialmente, esto parecía contradictorio dado el contenido relativamente alto de grasa de la dieta. Sin embargo, un examen más detenido reveló que el aceite de oliva es la principal fuente de grasa, lo que llevó a los científicos a investigar si por sí solo podría generar estos beneficios.

Como explica Richard Hoffman, de la Universidad de Hertfordshire, “la dieta mediterránea es mucho más eficaz si incluye aceite de oliva virgen extra”. Esto no es sólo anecdótico; Los ensayos a gran escala respaldan esta afirmación.

El juicio español: una señal clara

Un estudio histórico realizado en España siguió a más de 7.000 personas de entre 55 y 80 años durante cinco años. Un grupo consumió de 4 a 5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra al día junto con una dieta mediterránea, mientras que otros lo complementaron con frutos secos o una ingesta reducida de grasas. Los resultados fueron convincentes: el grupo del aceite de oliva experimentó tasas significativamente más bajas de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.

Por cada 10 gramos (menos de una cucharada) de consumo diario, el riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad disminuyó un 10% y un 7%, respectivamente. Esto refuerza que los efectos protectores del aceite de oliva no son sólo teóricos.

El aceite de oliva y el riesgo de demencia: evidencia observacional

Un estudio de 2024 que analizó datos de más de 92.000 adultos durante tres décadas confirmó esta tendencia y encontró que un mayor consumo de aceite de oliva se asociaba con un menor riesgo de muerte por demencia. Los investigadores tuvieron en cuenta factores como el IMC, los niveles de actividad, el tabaquismo, el nivel socioeconómico y la dieta general, pero la asociación persistió.

Reemplazar solo una cucharadita de margarina o mayonesa por una cantidad equivalente de aceite de oliva se relacionó con un riesgo entre un 8 y un 14 % menor de muerte relacionada con la demencia. Esto sugiere que incluso pequeños cambios en la dieta pueden tener un impacto mensurable.

¿Cómo funciona? El papel de los polifenoles

La clave parece estar en la composición única del aceite de oliva, particularmente en su alto contenido de polifenoles. Estos compuestos bioactivos protegen a las plantas del estrés y los traumatismos, y en los humanos actúan de manera similar: neutralizan los radicales libres dañinos, reducen la inflamación y previenen la oxidación de grasas, que contribuye a los accidentes cerebrovasculares.

Los polifenoles también benefician a los microbios intestinales, promoviendo una respuesta inmune más saludable y reduciendo aún más la inflamación. Dado que la inflamación está relacionada con importantes causas de muerte como las enfermedades cardíacas y el Alzheimer, este mecanismo es crucial.

“Se están acumulando pruebas mecanicistas que apoyan la hipótesis de que el aceite de oliva… reduce la patología subyacente de la enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas”, dice Marta Guasch-Ferré de la Universidad de Harvard.

Virgen extra versus estándar: ¿Importa la calidad?

Si bien todo el aceite de oliva puede ofrecer beneficios cardiovasculares debido a su contenido de grasas insaturadas, el aceite de oliva virgen extra proporciona una capa adicional de protección. Es la forma menos procesada y conserva su contenido máximo de polifenoles.

Un estudio reciente en el que participaron 656 adultos con sobrepeso de entre 55 y 75 años mostró que quienes consumían aceite de oliva virgen experimentaron mejoras cognitivas, mientras que quienes consumían aceite de oliva estándar mostraron un deterioro cognitivo más rápido. Esto se relacionó con diferencias en la diversidad del microbioma intestinal, ya que el aceite de oliva virgen promovía un ecosistema microbiano más rico.

Aunque preliminar, esta evidencia sugiere que el aceite de oliva de mayor calidad no sólo es más sabroso; puede afectar directamente la salud del cerebro a través de su influencia sobre las bacterias intestinales.

Más allá del aceite de oliva: ¿otras opciones?

La buena noticia es que el aceite de oliva no es el único contendiente. Los aceites vegetales como el de canola, maíz y cártamo también contienen grasas beneficiosas y niveles moderados de polifenoles. Cuando se sustituyeron las grasas animales en modelos hipotéticos, mostraron beneficios para la salud similares, lo que sugiere que también pueden apoyar la salud del cerebro.

Guasch-Ferré señala: “El consumo de otros aceites vegetales también podría ser una alternativa saludable en comparación con la grasa animal, especialmente porque tienden a ser más asequibles en comparación con el aceite de oliva”.

La comida para llevar

Si bien el aceite de oliva virgen extra proporciona los beneficios más completos debido a su contenido de polifenoles, sustituir las grasas animales por cualquier aceite vegetal es un paso en la dirección correcta. Almacenar el aceite de oliva en botellas oscuras ayuda a preservar su potencia, ya que la luz degrada los polifenoles con el tiempo.

En última instancia, incorporar aceite de oliva (u otros aceites vegetales) a su dieta es una estrategia sencilla y eficaz para favorecer la salud cardiovascular y cognitiva.