El polvo espacial como cuna de los componentes básicos de la vida

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Una nueva investigación confirma que los precursores de las proteínas pueden formarse espontáneamente en el espacio interestelar, lo que refuerza las teorías sobre los orígenes de la vida y guía la búsqueda de vida extraterrestre.

Durante décadas, los científicos han debatido cómo surgieron las primeras moléculas orgánicas complejas en la Tierra. Una de las principales hipótesis sugiere que los ingredientes clave para la vida pueden haberse originado en el espacio y haber sido transportados a través de meteoritos. Un estudio reciente publicado en Nature Astronomy proporciona pruebas sólidas que respaldan esta idea: los aminoácidos, las unidades fundamentales de las proteínas, pueden unirse para formar enlaces peptídicos en las duras condiciones del espacio exterior. Este es el primer paso hacia la creación de moléculas más complejas como enzimas y proteínas celulares.

El cóctel químico de la vida temprana

La vida temprana se basó en una mezcla compleja de moléculas, incluidos aminoácidos, azúcares y ARN. La cuestión de cómo se formaron por primera vez estos compuestos simples sigue siendo un misterio central en la astrobiología. El descubrimiento de glicina, el aminoácido más simple, en cometas y meteoritos (incluidas muestras de la misión OSIRIS-REx de la NASA al asteroide Bennu) ha insinuado durante mucho tiempo una fuente extraterrestre. Sin embargo, en estos cuerpos celestes aún no se han encontrado moléculas más complejas como los dipéptidos (dos aminoácidos unidos entre sí).

Aquí es donde la nueva investigación cobra importancia: el espacio interestelar, con sus altos niveles de radiación, impulsa una química inusual que teóricamente podría favorecer la formación de moléculas más grandes y complejas. Como explica Alfred Hopkinson, autor principal del estudio, “Si los aminoácidos pudieran unirse en el espacio y llegar al siguiente nivel de complejidad… cuando se entregan a una superficie planetaria, hay un punto de partida aún más positivo para formar vida”.

Recreando espacio en el laboratorio

Para probar esto, investigadores de la Universidad de Aarhus en Dinamarca colaboraron con la instalación del ciclotrón Atomki HUN-REN en Hungría. Simularon las condiciones espaciales bombardeando cristales de hielo recubiertos de glicina con protones de alta energía a temperaturas extremadamente bajas (-423,67 °F). Utilizando técnicas avanzadas de espectroscopía y espectrometría de masas, analizaron los productos resultantes.

El experimento confirmó que las moléculas de glicina reaccionaban para formar un dipéptido llamado glicilglicina, lo que demuestra que los enlaces peptídicos pueden formarse espontáneamente en el espacio. El equipo utilizó etiquetas de deuterio para rastrear con precisión cómo interactuaban estas moléculas.

Más allá de los dipéptidos: complejidad inesperada

El estudio reveló algo más que dipéptidos. Los investigadores también identificaron tentativamente N-formilglicinamida, una subunidad utilizada en la producción de componentes básicos del ADN, lo que sugiere que se puede formar una gama aún más amplia de moléculas orgánicas en el espacio.

Este hallazgo es fundamental porque amplía la gama de vías potenciales para el origen de la vida. “Si se crea una gama tan amplia de diferentes tipos de moléculas orgánicas, eso podría afectar el origen de la vida de maneras que no habíamos pensado”, señala Hopkinson. Las implicaciones podrían remodelar nuestra comprensión de las condiciones primitivas de la Tierra.

El equipo ahora está investigando si otros aminoácidos siguen el mismo patrón, lo que podría conducir a la formación de diversos péptidos con propiedades químicas únicas.

Esta investigación proporciona evidencia convincente de que los componentes básicos de la vida pueden formarse en condiciones espaciales realistas, ampliando las posibilidades de que surja vida tanto en la Tierra como más allá.