Jerome Lowenstein, médico, académico y mecenas literario, muere a los 92 años

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Jerome Lowenstein, un médico de renombre y apasionado defensor de la medicina humanista, falleció el 8 de diciembre en su casa de Manhattan. Tenía 92 años. Profesor de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York durante más de seis décadas, el Dr. Lowenstein no sólo avanzó en la investigación renal sino que también fomentó silenciosamente una vibrante comunidad literaria.

Una carrera que une la medicina y las artes

El impacto del Dr. Lowenstein se extendió más allá de la clínica y el laboratorio. Defendió un enfoque más empático en la atención al paciente, influyendo en generaciones de médicos jóvenes de la Universidad de Nueva York. Sus propios trabajos publicados incluyeron textos médicos, una novela histórica y ensayos que reflexionan sobre la intersección de la ciencia y la humanidad.

Pero su contribución más notable fuera de la medicina se produjo a través de su participación en la Bellevue Literary Review. Fundada en 2000 junto a Martin Blaser y Danielle Ofri, la revista fue un homenaje al Hospital Bellevue, donde los tres se habían formado. La Review llenó un nicho único al publicar ficción y no ficción que exploraban la enfermedad, la salud y la condición humana: historias donde la ciencia y el arte se encontraban.

El Pulitzer inesperado

La huella literaria del Dr. Lowenstein, nacida de esta empresa, saltó inesperadamente a la fama cuando publicó una primera novela que más tarde ganó el Premio Pulitzer. El libro había enfrentado el rechazo de las editoriales más grandes antes de ser defendido por la prensa pequeña, destacando la naturaleza a menudo arbitraria del éxito en el mundo literario.

Un legado del humanismo

Durante dos décadas, el Dr. Lowenstein se desempeñó como editor de no ficción de Bellevue Literary Review, guiando su dirección editorial. Su compromiso tanto con las artes curativas como con las humanidades deja un legado de curiosidad intelectual y pensamiento interdisciplinario.

La vida del Dr. Lowenstein ejemplificó el poder de combinar una investigación científica rigurosa con una profunda empatía y expresión creativa. Su trabajo nos recuerda que el verdadero progreso no radica sólo en hacer avanzar el conocimiento sino también en comprender la experiencia humana a la que sirve.