La envejecida infraestructura de represas de Estados Unidos es cada vez más vulnerable al colapso debido al movimiento del suelo, las condiciones climáticas extremas provocadas por el clima y la financiación inadecuada para las reparaciones. Una nueva investigación que utiliza datos satelitales revela que miles de represas en todo el país pueden estar en peores condiciones de lo que se pensaba anteriormente, lo que representa una amenaza creciente para la seguridad pública y la infraestructura crítica.
Debilidades estructurales ocultas
El análisis de imágenes satelitales ha identificado docenas de represas, incluida la más grande de Texas (Livingston Dam), que muestran signos de inestabilidad debido al movimiento del terreno debajo de ellas. Estos movimientos, a menudo no detectados por las inspecciones tradicionales, pueden causar grietas y debilitamiento estructural, particularmente cuando diferentes partes de la presa se mueven a diferentes velocidades.
Investigadores de Virginia Tech y el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas han encontrado evidencia de deformación significativa en 41 represas hidroeléctricas de alto riesgo en 13 estados y Puerto Rico. Por ejemplo, la presa Livingston se está hundiendo en su lado norte mientras que sube en su lado sur a aproximadamente 0,3 pulgadas (8 milímetros) por año. Si bien no son inmediatamente catastróficas, tales discrepancias exigen una investigación inmediata.
Este no es un riesgo teórico. El trágico colapso de dos represas en Libia en 2023, que provocó hasta 24.000 muertes, subraya las devastadoras consecuencias de la falla de las represas relacionadas con los cambios de elevación del terreno. Un estudio de 2025 confirmó que las represas libias ya estaban estructuralmente comprometidas debido a años de deformación.
El cambio climático amplifica el problema
Los cambios de terreno son sólo una pieza del rompecabezas. Estados Unidos tiene más de 92.600 represas, de las cuales 16.700 están clasificadas como de “alto riesgo potencial”, lo que significa que su falla podría causar pérdidas de vidas y daños masivos a la propiedad. La mayoría se construyeron hace más de 50 años, y alrededor de 2.500 requieren reparaciones que cuestan miles de millones, pero siguen sin repararse.
El calentamiento global exacerba el problema. Los cambios en los patrones de precipitaciones, el aumento de las sequías en algunas regiones y los fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes están empujando a las represas más allá de sus límites de diseño originales. Un estudio reciente encontró que el riesgo de desbordamiento de presas –cuando el agua excede su capacidad y se inunda río abajo– ha aumentado en 33 presas en los últimos 50 años, incluidas la presa Whitney en Texas y la presa Milford en Kansas, amenazando a las poblaciones en ciudades como Waco y Junction City.
La brecha de financiación
Solucionar el problema requiere una inversión masiva. Se estima que sólo la rehabilitación de las represas más críticas costará 37.400 millones de dólares, cifra que sigue aumentando a medida que se retrasan las reparaciones. Muchos propietarios de represas, en particular las entidades más pequeñas, no pueden permitirse el mantenimiento necesario.
El monitoreo satelital ofrece un potencial sistema de alerta temprana, pero su implementación también agrega costos. Si bien algunos expertos se muestran escépticos sobre la dependencia exclusiva de los datos satelitales, otros los ven como una herramienta valiosa para priorizar las reparaciones y prevenir fallas catastróficas.
“Identificar los problemas en las represas es fundamental para prevenir fallas”, dice John Roche, regulador de represas en Maryland. “La falta de rehabilitación oportuna… conducirá a mayores riesgos para la seguridad pública”.
La combinación de infraestructura obsoleta, cambio climático y financiación limitada crea una situación peligrosa. Los satélites pueden ayudar a identificar represas en riesgo, pero la solución definitiva radica en priorizar las reparaciones e invertir en la resiliencia a largo plazo de la infraestructura hídrica del país.
