2026: Un punto de inflexión para la exploración espacial y la colaboración global

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El año 2026 será un momento histórico en la exploración espacial, marcado por ambiciosas misiones de múltiples naciones, ampliando los límites de nuestra comprensión del universo y nuestro lugar dentro de él. Desde nuevos telescopios capaces de estudiar miles de millones de galaxias hasta el primer sobrevuelo lunar humano en décadas, la anticipación dentro de la comunidad científica espacial mundial es palpable.

La próxima generación de observatorios cósmicos

Varias misiones importantes planificadas para 2026 comparten un objetivo común: mapear el universo a escalas sin precedentes y rastrear la evolución de planetas, galaxias y grandes estructuras cósmicas a lo largo de miles de millones de años.

El Telescopio Espacial Romano Nancy Grace de la NASA se lanzará en el otoño de 2026. A diferencia de sus predecesores, Roman capturará imágenes de regiones del cielo aproximadamente 100 veces más grandes que el campo de visión del Telescopio Espacial Hubble, manteniendo una nitidez comparable. Esto permitirá a los científicos descubrir más de 100.000 exoplanetas, cartografiar miles de millones de galaxias y explorar los misterios de la materia y la energía oscuras, que en conjunto constituyen el 95% del cosmos.

Roman también cuenta con un coronógrafo, que puede bloquear la luz de una estrella para fotografiar directamente los planetas en órbita. Esta tecnología podría allanar el camino para futuras misiones diseñadas para buscar signos de vida en mundos similares a la Tierra.

La misión PLATO de Europa, que se lanzará en diciembre de 2026, monitoreará 200.000 estrellas en busca de planetas rocosos en zonas habitables y al mismo tiempo determinará sus edades. Mientras tanto, se espera que el telescopio espacial Xuntian de China se lance a fines de 2026, con una calidad de imagen comparable a la del Hubble pero con un campo de visión más de 300 veces mayor. La coórbita única de Xuntian con la estación espacial Tiangong de China permitirá el mantenimiento asistido por astronautas y una posible extensión de la vida.

Combinados con el Observatorio terrestre Vera C. Rubin, estos telescopios proporcionarán una visión dinámica del cosmos, no sólo como existe hoy sino también como evoluciona con el tiempo.

Un impulso renovado para los vuelos espaciales tripulados

Además de los observatorios robóticos, el año 2026 también marcará un progreso significativo en la exploración espacial humana.

La misión Artemis II de la NASA, cuyo lanzamiento está previsto para abril de 2026, enviará a cuatro astronautas en un viaje de 10 días alrededor de la Luna y de regreso, la primera misión de este tipo desde 1972. La India también se está preparando para un hito histórico con su programa Gaganyaan, cuyo objetivo es convertirse en la cuarta nación en lograr vuelos espaciales tripulados independientes. China continuará con sus misiones tripuladas habituales a su estación espacial Tiangong, sentando las bases para futuras misiones lunares.

La NASA también depende cada vez más de naves espaciales comerciales, como SpaceX, para transportar astronautas a la Estación Espacial Internacional, liberando recursos para misiones al espacio profundo. Estos esfuerzos reflejan un impulso global hacia una presencia humana sostenida más allá de la órbita terrestre.

Revelando los secretos de los mundos rocosos

Varias misiones se centrarán en comprender los orígenes y la geología de los mundos rocosos, incluidas las lunas y planetas de nuestro propio sistema solar.

La misión japonesa de exploración de lunas marcianas viajará a Marte a finales de 2026 para estudiar Fobos y Deimos, recolectando muestras de Fobos para regresar a la Tierra en 2031. La misión podría resolver si estas lunas son asteroides capturados o restos de antiguas colisiones con Marte.

La misión Chang’e 7 de China tendrá como objetivo el polo sur de la Luna, una región que se cree que contiene hielo de agua, un recurso potencial para futuras operaciones lunares. La misión incluye un módulo de aterrizaje, un rover y un “tolva” diseñados para explorar cráteres permanentemente en sombra.

Estas misiones resaltan la creciente sinergia entre la ciencia planetaria y la exploración humana, ya que la comprensión de la geología planetaria influye en la utilización futura de los recursos.

Protegiendo la Tierra del clima espacial

Más allá de la exploración del espacio profundo, algunas misiones se centrarán en comprender el entorno espacial que rodea nuestro planeta. El explorador de enlace ionosfera magnetosfera del viento solar (SMILE), una misión conjunta de la ESA y la Academia de Ciencias de China que se lanzará en la primavera de 2026, proporcionará las primeras imágenes globales de cómo responde el campo magnético de la Tierra al viento solar. Esta comprensión es crucial para proteger los satélites, los sistemas de navegación, las redes eléctricas y a los astronautas de los perturbadores fenómenos meteorológicos espaciales.

Colaboración y apuestas globales

Estas misiones se desarrollan en un contexto de creciente competencia geopolítica, particularmente entre Estados Unidos y China en la carrera por devolver a los humanos a la Luna. Sin embargo, la ciencia espacial sigue siendo fundamentalmente colaborativa. La misión japonesa de exploración de las lunas marcianas lleva instrumentos de la NASA, la ESA y Francia, y equipos internacionales comparten datos y experiencia. El universo, en definitiva, es de todos.

El año 2026 representa una confluencia de ambición, rivalidad y cooperación en la exploración espacial. El trabajo es global y el cielo es compartido por todos.