Arqueólogos en Ucrania han descubierto un detalle sorprendente sobre la cultura escita tardía: el uso deliberado de cinabrio, un mineral de sulfuro de mercurio altamente tóxico, en entierros que se remontan a casi dos milenios. El descubrimiento, detallado en un estudio reciente, arroja luz sobre una práctica que puede haber tenido propósitos tanto rituales como sorprendentemente prácticos.
Un doble entierro y una tonalidad rojiza
Los hallazgos se centran en un doble lugar de enterramiento en Chervony Mayak, cerca del río Dnieper. Dos mujeres, una de entre 35 y 45 años, la otra más joven, de 18 a 20 años, fueron enterradas juntas, con sus restos cubiertos con trozos de cinabrio de color rojo intenso. Si bien se han encontrado rastros de pigmento rojo en tumbas prehistóricas de toda Europa, esta es la primera confirmación científica de que la sustancia es realmente cinabrio en un contexto escita tardío.
Los propios escitas eran un pueblo nómada que dominó la estepa euroasiática durante siglos, aproximadamente desde el 800 a.C. hasta el año 300 d.C.. El entierro data de los años del ocaso de la cultura, lo que sugiere que esta práctica era una tradición de larga data o un desarrollo de etapa tardía.
¿Por qué cinabrio? Más allá del ritual
La presencia de cinabrio plantea dudas sobre su intención. Históricamente, los pigmentos rojos como el cinabrio (también conocido como bermellón) y el ocre se utilizaban para dar al difunto un “soplo” de vida, simulando la apariencia de vitalidad. Pero el estudio sugiere una función más pragmática: desacelerar el deterioro.
Las prácticas funerarias escitas a menudo implicaban reabrir criptas para acomodar restos adicionales. Según Olena Dzneladze, arqueóloga de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, las criptas podrían reutilizarse hasta por 50 años. Es posible que se haya empleado cinabrio para inhibir el crecimiento bacteriano, preservando los cuerpos por más tiempo antes de volver a enterrarlos.
“Gracias a las excavaciones sabemos con seguridad que se abrieron las criptas escitas tardías y que se realizaron entierros secundarios y terciarios.” – Olena Dzneladze
Los peligros ocultos
El cinabrio es muy tóxico. Cuando se calienta, libera gases de mercurio venenosos que pueden provocar temblores, problemas respiratorios y la muerte. Los huesos de individuos prehistóricos expuestos al cinabrio han mostrado niveles de mercurio alarmantemente altos. Si bien es posible que la población de Ucrania del siglo I no conociera el alcance total de su peligro, el uso del mineral subraya la voluntad de arriesgar la salud por los beneficios percibidos.
¿Una práctica femenina?
Curiosamente, se encontró cinabrio sólo en tres de las 177 tumbas de Chervony Mayak, y las tres contenían restos femeninos. Esto sugiere que el mineral podría haber sido utilizado específicamente en entierros femeninos, posiblemente como cosmético. Se han encontrado fragmentos de ocre y otros tintes minerales en entierros femeninos, lo que sugiere un vínculo entre el cinabrio y prácticas cosméticas más amplias.
El descubrimiento pone de relieve cómo los informes arqueológicos a menudo pasan por alto detalles como el “pigmento rojo”, sin identificar sustancias específicas. Este descuido podría significar que el uso del cinabrio estaba más extendido de lo que se pensaba anteriormente.
Legado del pasado
La presencia de cinabrio en entierros escitas se basa en descubrimientos anteriores del mineral en tumbas prehistóricas de toda Europa, que se remontan a 15.000 años. La práctica refleja una fascinación humana de larga data por el color, el ritual y la preservación de los muertos, incluso a un costo.
El uso de cinabrio por parte de los escitas sirve como un claro recordatorio de que las culturas antiguas a menudo empleaban sustancias con peligros desconocidos, impulsadas por creencias y prácticas que permanecen parcialmente oscurecidas por el tiempo.






























